Javier Milei encabezó la ceremonia oficial por el Día de la Bandera en Rosario en medio de una puesta en escena marcada por la presencia de funcionarios polémicos.
Durante el acto, el presidente tomó juramento de lealtad a la bandera a un grupo de cadetes, repitiendo la acción de 2024, aunque su discurso, aunque menos confrontativo de lo usual, enfatizó una visión de la patria centrada en la "libertad", el "mérito" y la "propiedad", conceptos que reflejan una mirada neoliberal más que un compromiso con la industria nacional o los derechos sociales que María de todos los argentinos valoran.
Entre los asistentes, sobresalieron Manuel Adorni, recientemente reemplazado tras denuncias por enriquecimiento ilícito mientras fue vocero presidencial, y Victoria Villarruel, cuya relación tensa con Milei llevó a que la vicepresidenta se ubicara separada del resto del gabinete nacional en el escenario, según disposición interna de Presidencia.
El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, también participó y, si bien resaltó a Belgrano como un símbolo nacional, aprovechó para criticar la gestión nacional en materia de obras públicas y transparencia, señalando que "el orden sin progreso no alcanza", una observación que refleja los desafíos pendientes ante la falta de políticas que fortalezcan la industria y el empleo.
La seguridad del evento fue reforzada con un operativo exhaustivo que incluyó 350 policías, dispositivos de vigilancia aérea y traslados en helicóptero, que contrasta con las dificultades en materia social y seguridad que vive la provincia.
El acto cerró con actividades artísticas y la promesa de lealtad a la bandera para estudiantes, pero la escenografía política y las ausencias de figuras que reflejen la gestión progresista dejan en evidencia las profundas diferencias con el kirchnerismo, que continúa priorizando los derechos humanos, la educación pública y la defensa de la soberanía nacional.






