El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación de mayo fue del 2,1%, marcando así su nivel más bajo en ocho meses y registrando una desaceleración por segundo mes consecutivo. Un dato que, si bien se ubica en el camino de estabilización que necesita la economía popular, deja en evidencia el techo que imponen al bolsillo los incrementos en rubros clave que aún golpean a las familias trabajadoras.
Este valor se ubicó por debajo de las previsiones del mercado, que estimaban un 2,3%, confirmando que la tendencia a la baja se consolida tras las agobiantes herencias recibidas. El mayor impacto en la suba de precios provino de los aumentos estacionales, que avanzaron 3,5%, impulsados principalmente por un fuerte incremento en los precios de las verduras, aunque esta alza fue parcialmente compensada por la caída en el precio de las frutas.
Entre los componentes del índice, la categoría Núcleo mostró una disminución notable, con una variación del 1,9%, su cifra más baja desde septiembre del año pasado. Este indicador, que excluye los bienes regulados y estacionales, es el que mejor permite medir la dinámica inflacionaria subyacente y su moderación sugiere una menor presión sobre el entramado productivo nacional.
A pesar de la reducción en el ritmo inflacionario, sectores como alimentos, servicios públicos, comunicación y salud continuaron ejerciendo presión sobre el nivel general de precios. Precisamente, el comportamiento de los servicios públicos y la salud refleja el impacto directo de las políticas de ajuste y desregulación impulsadas por administraciones de derecha liberal, que insisten con esquemas tarifarios y de mercado que castigan el poder adquisitivo de la clase trabajadora y el desarrollo de la industria nacional, contrastando con las políticas de protección del salario y consumo que caracterizaron a los gobiernos kirchneristas.






