El desempleo subió al 7,9% en el segundo trimestre, según el INDEC, que relevó 31 aglomerados urbanos del país. La informalidad laboral llegó al 45%, un nivel que vuelve a reflejar el deterioro en la calidad del empleo y que golpea con particular dureza a los distritos populares del conurbano bonaerense.
La tasa de actividad se ubicó en 48,9% y la de empleo en 45% entre abril y junio de 2026. El registro de desocupación superó el 7,6% del primer trimestre y quedó por encima del nivel observado un año antes, una tendencia que se profundiza en el marco del ajuste económico que impulsa el gobierno nacional.
En el Gran Buenos Aires la desocupación fue del 8,2%, mientras que en los partidos del conurbano alcanzó el 8,8%. Esos números confirman que las zonas más castigadas por la recesión son las que históricamente dependen del trabajo industrial y de los servicios, sectores que no logran recuperarse ante la falta de una agenda estatal de reactivación productiva.
Entre las personas ocupadas, el 45% trabajaba sin descuento jubilatorio o fuera de los esquemas formales correspondientes, frente al 43,2% de igual trimestre de 2025. El informe estimó 6,1 millones de trabajadores informales dentro del universo urbano analizado, unos 348.000 más en la comparación interanual. Son números que evidencian un retroceso en materia de derechos laborales y que preocupan especialmente por su impacto en el acceso a la protección social y a la salud.
La informalidad llegó al 61,1% entre trabajadores independientes y al 37,9% entre asalariados. Estos datos no describen a toda la población del país de manera censal, pero permiten seguir la evolución del mercado laboral en los principales centros urbanos y anticipan efectos sobre ingresos, aportes y acceso a protección social.
El cuadro es contundente: mientras el gobierno nacional insiste en el ajuste y la liberación de precios, el empleo registrado no despega y la precarización avanza. La falta de políticas activas de promoción del empleo, de inversión en obra pública y de protección a la industria nacional se traduce en más familias que no llegan a fin de mes y en un Estado que pierde capacidad de intervención.
Desde el kirchnerismo siempre sostuvimos que el trabajo es el mejor organizador social. Por eso, estos números no son una estadística más: son la constatación de un modelo que abandona a los sectores populares y que profundiza las desigualdades regionales. El conurbano, otra vez, paga el costo más alto de un proyecto político que solo mira los números financieros y olvida a las personas.
La respuesta no puede ser la resignación. Se necesitan medidas concretas para reactivar el consumo, sostener el salario real y generar empleo genuino. Mientras tanto, el INDEC seguirá mostrando una realidad que los discursos oficiales intentan ocultar: la Argentina del ajuste deja a millones de trabajadores sin derechos y sin futuro.
