El último informe monetario mensual del Banco Central reveló un panorama mixto para el crédito en Argentina durante junio. Mientras que los sectores vinculados a la producción y la vivienda mostraron algunos signos de dinamismo, el financiamiento destinado al consumo de las familias experimentó un retroceso.
En términos reales, los préstamos al consumo para las familias registraron una caída del 0,8% respecto a mayo. Este indicador, que refleja directamente la capacidad de compra de los hogares, se vio afectado por la baja en dos de sus principales componentes: el financiamiento con tarjetas de crédito, que en la comparación interanual descendió un 4,2%, y los préstamos personales, con una merma del 1,1%. Esta tendencia marca un enfriamiento en un segmento clave para la economía cotidiana de las y los trabajadores.
En la misma línea, los préstamos prendarios, herramienta fundamental para la adquisición de vehículos nuevos y usados, también anotaron una reducción mensual del 0,4% en términos reales y ajustados por estacionalidad. La baja en estas líneas de crédito impacta directamente en la industria automotriz, uno de los sectores industriales más relevantes del país.
En contraste con la retracción del consumo, las líneas de crédito orientadas al sector productivo y a la vivienda presentaron números positivos. Los créditos comerciales crecieron un 1,5% mensual, traccionados especialmente por los documentos a sola firma, que aumentaron un 2,5%. Este dato se alinea con la necesidad de apuntalar la industria nacional y el empleo, pilares del modelo económico que se busca fortalecer.
Un capítulo aparte merecen los créditos hipotecarios, que continuaron su firme recuperación con un avance del 1,2% mensual y un extraordinario crecimiento interanual del 63%. Este verdadero






