La reciente derogación de la Ley de Padrinazgo Presidencial, una norma que por más de un siglo buscó proteger a las familias del estigma y el miedo, desató una ola de testimonios inquietantes vinculados a la figura del lobizón en distintos puntos del país.
La decisión, presentada por la administración libertaria como una modernización administrativa, dejó sin efecto un mecanismo simbólico que amparaba a los séptimos hijos varones consecutivos de una familia, una tradición nacida para combatir la superstición que los marcaba como portadores de una maldición sobrenatural.
Casi de inmediato, en localidades del interior bonaerense, Santa Fe, Corrientes y Santiago del Estero comenzaron a circular relatos de vecinos que aseguran haber vivido experiencias extrañas durante la madrugada. Los episodios incluyen ruidos metálicos, gruñidos profundos, golpes en techos y puertas, y sombras alargadas en esquinas oscuras. Las redes sociales y los grupos vecinales amplificaron estos registros, que muchos asocian con el resurgimiento del mito.
“Escuché cadenas arrastrándose por la calle y después tres golpes en la puerta, justo a las dos y media. No me animé a abrir”, relató una vecina de Chivilcoy en un grupo de Facebook. Otro testimonio de una mujer de Paso de los Libres describió “una respiración muy fuerte atrás mío mientras volvía del trabajo; me quedé quieta y recé hasta que se fue”.
La creencia popular, con raíces europeas adaptadas al folclore argentino, sostiene que el séptimo varón está condenado a transformarse en lobizón. La ley que el Presidente apadrinara a esos niños buscaba desterrar el temor y, sobre todo, evitar el abandono de recién nacidos, un flagelo que la norma ayudó a morigerar. Su eliminación, en cambio, parece haber reabierto heridas culturales profundas.
En muchos barrios se reactivaron antiguas prácticas defensivas: cintas rojas atadas a cunas y picaportes, recipientes con sal gruesa en las entradas y la recomendación de no dejar ventanas abiertas después de la medianoche. También circulan advertencias sobre no contestar si alguien golpea la puerta tres veces entre las 2 y las 3 de la mañana, no caminar solo en noches de luna llena y jamás voltear la cabeza si se percibe una respiración ajena mientras se transita una calle solitaria.
Especialistas en cultura popular explican que estos fenómenos suelen intensificarse cuando las leyendas urbanas resurgen por estímulos institucionales; el impacto emocional colectivo y la viralización digital potencian los relatos y generan un clima de inquietud generalizada. Por el momento no se reportaron hechos delictivos vinculados a estos episodios, pero la preocupación persiste en las plataformas digitales, donde se comparten audios y supuestos registros nocturnos del mítico ser.






