En el corazón de San Justo, La Matanza, la leyenda sobre túneles secretos bajo la Catedral de los Santos Justo y Pastor sigue despertando el interés popular y percusión en la memoria colectiva de los vecinos.
San Justo, fundada el 25 de diciembre de 1856 como cabecera del partido, dispone de un casco histórico con edificios de gran valor cultural. Aunque no hay evidencia documental ni planos que confirmen una red subterránea conectando la catedral con instituciones educativas como el Instituto Parroquial San Justo y el Instituto Santa Rosa de Lima, numerosos relatos de exalumnos y trabajadores hablan de sótanos profundos, ambientes húmedos y puertas cerradas bajo estos edificios.
Esta leyenda, que ha trascendido por medio de testimonios orales y charlas familiares a lo largo de décadas, se alimenta de una fuerte tradición popular. Investigaciones recientes recogieron testimonios que ubican en algunos inmuebles históricos estructuras subterráneas reales, utilizadas antaño como cisternas, depósitos o áreas de mantenimiento. Sin embargo, no se pudo constatar la existencia de túneles interconectados.

La historia de San Justo tiene raíces previas a su fundación oficial en 1856 y se asienta en un territorio habitado por pueblos originarios como los querandíes. El diseño urbano original configuró un núcleo donde se concentraron la plaza, la municipalidad, la parroquia, la escuela y el cementerio, lo que contribuye a la percepción de posibles espacios subterráneos en el centro cívico.
La Catedral de San Justo inició su actividad pastoral en 1858 y su construcción se extendió hasta aproximadamente 1895, con la participación de destacados arquitectos como Pedro Benoit. Entre 1930 y 1941, el edificio fue restaurado luego de haber sido clausurado por problemas estructurales, y en 1969 fue modificado con la creación de la Diócesis de San Justo. Estos procesos dejaron áreas subterráneas poco documentadas, cuya finalidad original es aún objeto de estudio.

Testimonios de ex trabajadores revelan que bajo la catedral y el colegio parroquial existen espacios oscuros y húmedos donde se almacenaban herramientas y alimentos, práctica común en antiguas construcciones religiosas y educativas que favorecieron la vida y el trabajo comunitario.
Por otro lado, el Centro de Estudios Históricos de La Matanza (CEHLaM) y otras fuentes especializadas informan que no existen registros oficiales ni evidencias concluyentes que confirmen la existencia de túneles interconectados entre estos edificios.
Históricamente, a diferencia de Buenos Aires, donde durante la época colonial se construyeron túneles con fines defensivos o de circulación, San Justo fue fundada en el siglo XIX, un contexto donde esas necesidades no justificaban tales obras.
Este análisis histórico es clave para comprender que, aunque la leyenda perdura y forma parte de la identidad local y la memoria colectiva, no implica automáticamente la existencia de túneles secretos.
La combinación del patrimonio histórico, relatos orales y documentos incompletos mantienen vigente el misterio y la fascinación sobre estos espacios subterráneos. Para la comunidad de San Justo, estos supuestos “túneles” representan un símbolo de la historia aún por descubrir y la riqueza cultural que protege la educación pública y el patrimonio local.






