Un estudiante de 17 años hirió de dos disparos a un compañero de 18 en el baño de la Escuela N° 58 de González Catán. La víctima recibió impactos en el abdomen y en un brazo y fue trasladada a un hospital, donde ingresó al quirófano. El alumno señalado como quien disparó quedó demorado, mientras se investiga cómo entró el arma al establecimiento.

María, madre de una alumna de 13 años, cuestionó cómo las autoridades informaron a las familias. Su hija estaba por entrar a la escuela cuando vio salir a otros estudiantes, que decían que no había clases. Más tarde, los directivos comunicaron la suspensión de la jornada por un conflicto entre compañeros.
“Más que eso no avisaron. No avisaron de que los chicos estaban en peligro ahí afuera, no avisaron nada”, sostuvo María. Se enteró de lo ocurrido mientras su hija estaba cerca del establecimiento.
La mujer dijo que no conoce a los adolescentes involucrados y que gran parte de lo que supieron las familias llegó como versiones de otros alumnos. Según esos relatos, el joven habría accionado el arma varias veces antes de que saliera un disparo. “No sé si estaba jugando o estaba mostrando, como dicen, pero después salió la bala”, relató.
En una versión preliminar, el adolescente herido habría dicho al personal de enfermería que el otro estudiante era su amigo y que los disparos se produjeron cuando le mostraba una pistola calibre .22. La investigación deberá esclarecer lo ocurrido.
María también contó que otras madres le habían hablado de episodios de violencia previos en la escuela y sus alrededores. Mencionó situaciones de bullying, peleas y una presunta agresión en la que habría intervenido un martillo, aunque aclaró que no presenció esos hechos. Además, afirmó que algunos alumnos fumarían marihuana dentro del establecimiento.
Tras los disparos llegó la Policía y las familias fueron apartadas de la zona. “Empezaron a llegar la Policía, empezaron a despejar y nos pusieron en la esquina”, recordó.
La madre dijo que el episodio la afectó especialmente porque ocurrió en la escuela de su barrio, a la que asiste su hija. “Uno siempre mira a los de afuera y cuando nos toca a nosotros de cerca, a mí me angustió, me puso mal la situación”, expresó.
Después del hecho, algunas madres propusieron reunirse con los directivos para conocer cómo seguirá la actividad escolar y qué medidas podrían tomarse. María dijo que entiende las limitaciones de docentes y autoridades, pero planteó que es necesario encontrar respuestas para evitar nuevos episodios.
“Ellos tampoco mucho no pueden hacer, porque me parece que no pueden revisar las mochilas”, dijo. Y agregó: “La educación viene de la casa”.
María reconoció que ahora teme enviar a su hija a clases, aunque no quiere que interrumpa sus estudios. “Me da miedo ahora de que vaya. Me da miedo porque también quiero que estudie”, afirmó.






