
El mercado laboral argentino registró en 2025 un nivel récord de pluriempleo: el 11,5% de los ocupados tuvo dos o más trabajos, frente al 8,7% de 2017. El dato, elaborado por C-P Consultora sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, iguala el máximo histórico de 2024 y expone una de las consecuencias de la pérdida de poder adquisitivo: para compensar la caída del ingreso principal, una parte creciente de los trabajadores suma horas y empleos.
La promesa de “libertad laboral” y flexibilización impulsada por la gestión de Javier Milei encuentra en estos números su contracara más cruda. Cuando la segunda ocupación aparece para compensar la caída del ingreso principal, el segundo trabajo deja de ser una oportunidad y se convierte en una extensión obligada de la jornada. Los datos lo confirman: los pluriempleados trabajan 43 horas semanales en promedio, seis horas más que quienes tienen una sola ocupación. En el segmento emergente, el promedio llega a 49 horas: el 56% trabaja más de 45 horas y el 22% supera las 60 horas semanales, es decir, más de 12 horas diarias.
El crecimiento del fenómeno estuvo impulsado sobre todo por el segmento denominado “cuello azul”, con fuerte presencia en administración pública, industria, comercio y hoteles y restaurantes. Ese grupo explicó el 53% de la variación del pluriempleo entre 2017 y 2025. Se trata de trabajadores con menores ingresos relativos, menor calificación y una informalidad del 39%; en promedio, trabajan 50 horas semanales. Son los mismos sectores que más sufren el ajuste, los que vieron licuados sus salarios y ahora necesitan dos trabajos para llegar a fin de mes.
Cuando un sueldo ya no es suficiente
El informe distingue dos grandes grupos dentro del pluriempleo. El “tradicional”, concentrado en Educación, Salud y Servicio doméstico, responde en buena medida a la propia organización de esas actividades y representa el 52% del total. El “emergente”, que reúne al 48% restante, combina las transformaciones tecnológicas y nuevas formas de organización laboral con otro factor determinante: la necesidad de sumar una ocupación ante la caída del poder adquisitivo del ingreso principal.
La discusión sobre flexibilidad, autogestión y “libertad laboral”, promovida como parte del nuevo paradigma del trabajo durante la gestión de Javier Milei, encuentra en estos números una contracara: cuando la segunda ocupación aparece para compensar la caída del ingreso principal, el segundo trabajo deja de ser solamente una oportunidad y puede convertirse en una extensión obligada de la jornada laboral. Mientras el gobierno nacional celebra la desregulación, los trabajadores de menores ingresos son los que más horas suman para no perder poder de compra.
Este récord de pluriempleo no es un dato aislado: es el reflejo de un modelo que empuja a los sectores populares a trabajar más por lo mismo. La recuperación económica prometida por la gestión libertaria no llega a los bolsillos; en cambio, el mercado laboral se precariza y la jornada se extiende. Desde Agenda Popular entendemos que esta es la consecuencia directa de las políticas de ajuste que castigan a quienes menos tienen, mientras se beneficia a los sectores concentrados. La salida no es más flexibilización, sino recuperar el salario real y fortalecer el trabajo registrado, como sostienen Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof y el resto del campo nacional y popular.
