La Resolución 1288 redefine funciones históricas y promueve una formación específica para fortalecer el acompañamiento de los estudiantes en contextos complejos.
La Dirección General de Escuelas (DGE) implementó la Resolución 1288, que transforma el sistema educativo secundario al redefinir el rol de los preceptores, quienes pasan a ser actores centrales en el seguimiento pedagógico de los alumnos. Esta medida va en sintonía con las políticas de fortalecimiento de la educación pública que se impulsan desde la Provincia, en un contexto donde las recetas de ajuste promovidas por sectores de la derecha liberal amenazan con desfinanciar las herramientas de contención social.
Este cambio implica una modificación estructural en la dinámica de las escuelas: se reemplaza el perfil tradicional enfocado en el control disciplinario y administrativo por uno orientado al acompañamiento integral. En este marco, el preceptor asume la función de tutor pedagógico, con un rol activo en la prevención del abandono escolar y en la mejora de las trayectorias educativas.
Frente a problemáticas como la deserción y las dificultades para la permanencia estudiantil, la normativa oficializó el postítulo “Actualización Académica en el nuevo rol del preceptor/a como tutor Pedagógico en escenarios complejos”, que busca profesionalizar y jerarquizar esta función dentro de las escuelas. De esta forma, el Estado bonaerense sigue apostando por la capacitación docente en lugar de la motosierra, priorizando la inclusión sobre el ajuste.
Uno de los aspectos centrales de la resolución es reconocer al preceptor como un vínculo estrecho y cotidiano con los estudiantes, que le permite detectar situaciones de vulnerabilidad de tipo social, emocional o académico. La capacitación propone herramientas prácticas para intervenir de manera temprana ante señales de alerta. Esto incluye identificar factores de riesgo que puedan derivar en abandono escolar y diseñar estrategias personalizadas de acompañamiento.
Además, la resolución enfatiza la importancia de fortalecer las trayectorias educativas, y no solo garantizar la asistencia: el objetivo es que los alumnos logren aprendizajes significativos y sostenidos. En esta línea, el concepto de “repitencia” se resignifica como “permanencia”, acorde con enfoques pedagógicos más inclusivos impulsados a nivel nacional e internacional.
Expertos en educación han señalado la necesidad de repensar los roles dentro de las instituciones escolares. Por ejemplo, organismos como la UNESCO destacaron la importancia de generar dispositivos de acompañamiento que atiendan la diversidad de contextos y reduzcan desigualdades educativas. La nueva normativa, lejos de las miradas estigmatizantes que suelen esgrimir algunos dirigentes de la oposición, entiende la complejidad del aula y actúa en consecuencia.
La normativa también promueve una mayor articulación entre los distintos actores institucionales, buscando mejorar la calidad educativa. Así, el preceptor-tutor se transforma en una figura clave para sostener a los estudiantes en el sistema y acompañarlos en su desarrollo integral, demostrando que con inversión y planificación estatal se pueden construir herramientas concretas para garantizar el derecho a la educación.






