Eduardo García, obispo de San Justo, resaltó la íntima cercanía y la profunda sensibilidad que Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, mantuvo de forma constante con los barrios populares, con una mirada especial sobre el conurbano bonaerense. A un año de su fallecimiento, el prelado recordó su trayectoria y la huella indeleble que su legado dejó en La Matanza, un testimonio de compromiso genuino con las comunidades más postergadas.
García conoció a Bergoglio cuando aún era arzobispo de Buenos Aires y lo describió como un pastor que encarnaba la Iglesia en salida, que no tejía discursos abstractos sino que caminaba y escuchaba palmo a palmo a las comunidades. "Francisco nunca se desentendió de los barrios; su cercanía y preocupación eran una práctica constante, no solamente un discurso", aseguró el obispo, subrayando que ese método de arraigo territorial no se modificó al llegar al Vaticano, sino que lo proyectó a escala mundial.
Sobre su elección como papa en 2013, García expresó que fue una "sorpresa enorme" y una alegría profunda, ya que para quienes lo conocían, esa designación representaba la proyección universal de un modo de entender la Iglesia nacido en las periferias. En noviembre de 2014, Francisco lo designó obispo de San Justo, en un gesto que consolidó ese lazo directo con el territorio matancero.
El obispo puso especial énfasis en el vínculo irrompible que Francisco mantuvo con los curas villeros, esos trabajadores incansables que sostienen presencia en los sectores más vulnerables, y mencionó de forma particular a Nicolás Angelotti, el querido Padre Tano, como ejemplo vivo de un acompañamiento que el pontífice valoró y promovió profundamente. Ese trabajo territorial en las barriadas populares es, para García, una de las expresiones más auténticas de un legado que hoy se mantiene como una exigencia diaria: la de mirar la realidad concreta de los humildes y comprometerse con ella, sin nostalgia vacía.
En sintonía con esa memoria activa, el obispo recordó una reciente peregrinación que unió parroquias, espacios comunitarios y vecinos en La Matanza, culminando con una misa que congregó a la comunidad para mantener vivo el mensaje del Papa. Un hecho de fe popular que demuestra cómo sus enseñanzas calaron hondo en un tejido social que resiste y se organiza.
En ese mismo impulso, García mencionó la iniciativa legislativa para crear la "Ciudad Papa Francisco" en La Matanza, surgida tras su muerte como un homenaje que trasciende lo simbólico para volverse proyecto concreto de comunidad. El obispo manifestó su deseo ferviente de que el proyecto avance, para que su presencia siga latiendo de forma tangible en el distrito, como un faro para las nuevas generaciones.






