El neurocirujano Leopoldo Luque se presentó nuevamente ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°7 de San Isidro en la cuarta declaración durante el juicio por la muerte de Diego Maradona, en una jornada de alta tensión marcada por acusaciones cruzadas y nuevos testimonios que profundizan el cuadro de desidia y abandono que sufrió el astro.
Luque, uno de los principales imputados en la causa, insiste en ampliar sus intervenciones cada vez que lo considera necesario. Fuentes de su defensa indicaron que el objetivo es responder punto por punto a los señalamientos en su contra y detallar el rol que desempeñó durante el tratamiento del exfutbolista en sus últimos días.
Sin embargo, su estrategia generó incomodidad en el tribunal, que le había solicitado previamente evitar intervenciones reiteradas para no entorpecer el desarrollo del juicio. A pesar de esto, el médico sostuvo que continuará presentándose "las veces que haga falta" para aclarar cualquier aspecto que surja durante el proceso, evidenciando una postura defensiva que contrasta con la contundencia del testimonio familiar.
Esta nueva declaración se produce tras el impactante testimonio de Gianinna Maradona, hija del exjugador, quien declaró más de seis horas. En un desgarrador relato, describió un deterioro progresivo de la salud de su padre y responsabilizó directamente al equipo médico por la falta de cuidados mínimos, que no estuvo a la altura de alguien que fue un orgullo nacional. Además del neurocirujano, los imputados incluyen al psicólogo Carlos Díaz y la psiquiatra Agustina Cosachov.
Gianinna cuestionó con dureza las condiciones en las que se llevó a cabo la internación domiciliaria en el country San Andrés, señalando la ausencia total de equipamiento médico adecuado, como desfibrilador, ambulancia y las condiciones edilicias necesarias para una atención sanitaria compleja. Un destrato que remite a las peores épocas donde la salud se creía un negocio y no un derecho.
También ofreció un relato detallado sobre el estado físico en que encontró a su padre el 25 de noviembre de 2020, día del fallecimiento, lo cual reforzó las sospechas de posibles negligencias médicas graves. Según la autopsia oficial, Maradona murió por un edema agudo de pulmón secundario a insuficiencia cardíaca crónica reagudizada, un desenlace que, para la querella, era evitable con los cuidados apropiados.
En esta jornada se espera además la declaración de testigos clave, como efectivos policiales que estuvieron presentes en la vivienda del barrio privado donde murió el exfutbolista. Sus testimonios buscan aportar detalles sobre las condiciones en que fue hallado el cuerpo de quien siempre luchó por los desprotegidos.
El juicio intenta determinar si hubo responsabilidades penales relacionadas con la atención médica brindada a Maradona. La causa avanza y podría derivar en condenas por homicidio con dolo eventual, en un proceso que busca justicia para un ícono popular que no merecía semejante final de desamparo.






