Dylan tiene 15 años. A una edad en la que debería estar pensando en la escuela, sus amigos, el fútbol y todo lo que sueña para su futuro, hoy su prioridad es otra: poder operarse y recuperar su salud.

Hace cuatro años fue diagnosticado con Pectus Excavatum, una condición que provoca el hundimiento progresivo del pecho.
Con el paso del tiempo, el cuadro avanzó. Según explicó su familia, actualmente le cuesta mucho respirar y la afección ejerce presión sobre su corazón, motivo por el cual necesita una intervención quirúrgica.

La operación se realizará en el Hospital Pedro de Elizalde y requiere tres placas especiales para la reconstrucción torácica y un equipo de crioanalgesia para el posoperatorio. El costo informado de esos insumos asciende a $32.982.180.

La cirugía estaba prevista inicialmente para julio, pero como la familia no logró reunir el monto necesario para adquirir los materiales, tuvo que ser postergada. Ahora hay una nueva fecha: 5 de octubre de 2026.
Mientras los días pasan, la familia sigue haciendo todo lo que está a su alcance.

Dylan ama el fútbol desde que era muy chico. Jugó en Camioneros, Banfield Oeste y llegó a Huracán, donde pudo competir en AFA. Pero hoy la cancha tuvo que quedar en pausa. No porque haya dejado de soñar, sino porque primero necesita estar bien.
Dylan necesita esta cirugía para poder respirar mejor, mejorar su calidad de vida y volver a hacer las cosas propias de cualquier chico de 15 años. Por eso el pedido va mucho más allá de quienes puedan colaborar económicamente: necesitan que su historia se comparta.

El pedido busca llegar a vecinos, clubes, instituciones, empresas, fundaciones y también a quienes tienen responsabilidades dentro del Estado. Quizás alguien pueda ayudar con los insumos, quizás exista un organismo que pueda intervenir, quizás una empresa pueda colaborar. Pero para que eso pase, la historia de Dylan tiene que llegar lo más lejos posible. Que ninguna puerta quede sin golpear.
La situación de Dylan expone una realidad que no debería existir: que un chico de 15 años tenga que depender de la solidaridad colectiva para acceder a una cirugía que su salud requiere. En un país donde la salud pública debería garantizar el acceso universal, estos casos muestran la urgencia de fortalecer las políticas sanitarias y asegurar que ningún ciudadano quede librado a su suerte cuando está en juego su vida.
Detrás de este pedido no hay solamente un chico que sueña con volver a jugar al fútbol: hay un chico de 15 años que necesita operarse y una familia que está haciendo todo para conseguirlo. También hay una deuda pendiente del Estado para con los que más necesitan, una deuda que se paga con inversión en salud, con cobertura real y con la garantía de que el derecho a la salud no sea un privilegio.
