La asunción de Axel Kicillof como nuevo presidente del Partido Justicialista (PJ) estuvo marcada por la inesperada ausencia de Máximo Kirchner, quien debía liderar la transición. Este hecho generó inquietud y volvió a poner en debate las diferencias internas dentro del peronismo, además de atraer atención sobre el papel de La Cámpora.
Tradicionalmente, la renovación de autoridades en el PJ se presenta como un momento para exhibir unidad y fuerza política, pero el acto fue opacado por la falta de Kirchner. A pesar de corresponderle encabezar formalmente el traspaso hacia Kicillof, el diputado no participó del evento, lo que agravó la percepción de desunión.
La ausencia causó malestar en distintos sectores del partido, en especial en un contexto donde la dirigencia insiste en la importancia de la unidad ante los desafíos electorales y económicos que atraviesa el país. El gesto fue interpretado tanto como un desaire personal hacia Kicillof como una señal política que profundiza las divisiones internas.
Dirigentes de territorios estratégicos, como La Matanza, destacaron que esos distritos habían cedido espacios en la estructura partidaria para facilitar acuerdos y fortalecer la cohesión interna. Esta actitud contrasta con la decisión de Kirchner de ausentarse en un acto decisivo para el partido.
En este contexto, aumentaron las críticas a La Cámpora, espacio político liderado por Kirchner. Diversas voces dentro del peronismo cuestionan que el accionar del sector responde a una lógica interna de poder que prioriza intereses propios por sobre una estrategia colectiva de construcción política competitiva.
La ausencia también generó conjecturas respecto al rumbo de la próxima campaña electoral. Algunos actores advierten que las señales de tensiones internas podrían debilitar la capacidad del peronismo para presentarse unido y como una opción sólida ante la ciudadanía.
Este episodio reactiva un debate fundamental sobre el impacto que tienen las disputas internas y las ambiciones personales en la construcción de un proyecto político común. En un momento que exige reorganización y autocrítica en el espacio, la falta de uno de sus referentes principales en una instancia institucional clave, deja un panorama incierto.
El interrogante que queda es claro: si ni siquiera en actos formales de transición se logra manifestar unidad, ¿qué señales se transmiten a la sociedad de cara al futuro?






