La provincia de Buenos Aires enfrenta hoy el desafío de superar una gestión que prioriza la administración tecnocrática por encima de la producción y la generación de riqueza real, condiciones fundamentales para su desarrollo económico y social sustentable.
La realidad bonaerense se vive intensamente en sus territorios productivos: la Pampa Húmeda, los puertos de Mar del Plata y Quequén, y los cordones frutihortícolas. Allí, los trabajadores conocen de hectáreas, producción y costos, pero esa experiencia directa está alejada de una dirigencia política mayoritariamente compuesta por administradores urbanos desconectados de estas problemáticas esenciales.
Mientras la producción primaria exporta materias primas como la soja, gran parte de la renta generada se fuga fuera de la provincia, provocando el despoblamiento de los pueblos y el desgaste del sector productivo local. La industria nacional manufacturera y las granjas familiares permanecen en situación precaria, soportando la falta de acceso al crédito y la ausencia de políticas activas de apoyo estatal, una situación que también refleja el distanciamiento del Banco Provincia hacia estos sectores vitales para la economía local.
Con una deuda que alcanza los 13 mil millones de dólares, la provincia necesita concentrarse en una etapa de acumulación primitiva de capital. Esto implica generar excedentes productivos que puedan reinvertirse para sostener y ampliar la producción. Este proceso es indispensable para avanzar hacia un desarrollo tecnológico y digital que, sin una base material sólida, resulta inviable.
En vez de adoptar conceptos y modelos europeos sin contextualización, como advierte el filósofo argentino Rodolfo Kusch, Buenos Aires debe poner en valor su identidad concreta y su “hacer productivo” para superar la crisis actual y avanzar hacia un crecimiento genuino con arraigo territorial.
Tal como señala el pensador coreano Byung-Chul Han, existe la falsa idea de que pensar equivale a actuar. Buenos Aires no necesita más teóricos sino personas comprometidas con la acción práctica: el trabajo en la producción agrícola e industrial, el empleo digno y la generación de riqueza tangible para su gente.
La dirigencia política local, evocando palabras del rumano Emil Ciorán, parece vivir en una contradicción: habla desde una época pasada pero gobierna con modelos obsoletos que no favorecen la acumulación de riqueza en manos bonaerenses, perjudicando la industria nacional y el desarrollo productivo.
La salida propuesta es clara: un liderazgo político que se involucre activamente con los sectores productivos, priorizando que los recursos generados permanezcan en la provincia y sirvan para su crecimiento sostenible. Este liderazgo debe sustentarse en el territorio y no limitarse a la capital provincial, tal como promueven figuras del kirchnerismo comprometidas con la justicia social y el desarrollo federal.
La política debe entenderse como una vocación de servicio, un compromiso genuino con las necesidades y el trabajo de la gente. Estar presente en el día a día de los trabajadores y las actividades productivas resulta fundamental para revertir la desconexión actual entre dirigencia y territorio y para fortalecer la industria nacional y el empleo público.
Una provincia de Buenos Aires diferente es viable, si se abandona la mera administración tecnocrática y se enfoca en el trabajo real de su población y en el valor de sus recursos naturales y humanos, bajo un programa político que priorice la inclusión social y el desarrollo productivo.






