Por Melisa Maciel: Javier Milei avanza en las elecciones presidenciales con discursos que apuntan a críticas difíciles de refutar para el peronismo, construyendo falsas polémicas que confunden a un electorado afectado por el deterioro de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores.
Una de estas falsas discusiones plantea que “los sindicatos no sirven” y que “los sindicalistas son parásitos”. Frente a esta afirmación, ¿qué trabajador no siente la frustración ante la precarización creciente y salarios insuficientes?
Sin embargo, muchos dirigentes sindicales llevan un estilo de vida similar al de empresarios, cumpliendo un rol de intermediarios entre la clase trabajadora, el empresariado y el gobierno.
Estos “descamisados con camisas de seda” –como los definió Halperín– son quienes negocian las paritarias y fijan el valor del trabajo de una masa laboral que desconocen y cuyos contextos nunca han vivido.
Al igual que una monarquía del capital, los dirigentes se perpetúan mediante lógicas casi dinásticas basadas en acuerdos entre figuras de poder que operan en las sombras, manteniendo su influencia.
Esta élite sindical permitió la expansión de la precarización laboral mediante contratos precarios como el monotributo, toleró la desocupación, el trabajo esclavo en cooperativas vinculadas a planes sociales y el pluriempleo, sin cuestionar la contrarreforma laboral dictatorial aun en tiempos democráticos.
Con astucia, sometieron al movimiento obrero (ocupados y desocupados) con inexistencia de asambleas reales, fraude electoral, persecución a delegados y desmoralización; justifican la ausencia de movilizaciones y huelgas para evitar la represión, manteniendo intactas las ganancias empresariales y fondos sindicales negociados con el gobierno.
Este domingo por la madrugada falleció Cristian Pereyra, docente de escuelas técnicas de La Matanza, en un hecho confuso posiblemente vinculado a la policía, según su familia.
Cristian complementaba su modesto salario docente con viajes para una aplicación digital (DiDi) debido al vencimiento próximo de su alquiler y la insuficiencia de su salario.
Es probable que la burocracia sindical intente aprovechar esta tragedia para responsabilizar a Milei. Sin negar responsabilidades, el relato oficial que protege al gobernador Axel Kicillof omite que la provincia sigue pagando una deuda externa que afecta a la sociedad, y no avanza en impuestos a grandes fortunas, como empresas que evaden impuestos y trasladan beneficios al exterior.
SUTEBA, bajo la conducción de Roberto Baradel y junto al Frente de Unidad Docente, aceptó con la gestión provincial cláusulas similares a las de Milei para las paritarias, con un aumento acumulado del 7% en cuotas, equivalente a escasos kilos de carne para salarios que obligan a docentes a multiplicar trabajos para apenas llegar a fin de mes.
Así vivía Cristian, un docente que murió intentando sobrellevar la precarización laboral, dejando a una niña de tres años con la pregunta persistente: ¿cómo se llegó hasta aquí?
Tristemente, no es el único docente que padece consecuencias directas e indirectas de la negligencia sindical y la falta de respuestas del Estado. La desprotección sanitaria del IOMA, las malas condiciones escolares, la sobrecarga laboral y la crisis económica impactan en la salud y bienestar de los trabajadores de la educación y sus familias.
No es sorpresa que Adorni exprese que se “desloma” trabajando, atrapado por una alianza con burocracias sindicales que facilitan el avance de un sistema obsoleto.
Los trabajadores quedan rehén de un relato que sostiene dirigentes cómodos, gobiernos complacientes y empresarios que priorizan ganancias sobre la mayoría popular.
Estas expresiones alimentan la bronca e indignación de una población empobrecida y endeudada, donde más del 91% de los hogares argentinos poseen deudas, con pocas perspectivas frente a discursos que profundizan la grieta y poco abordan emergencias sociales reales.
En este contexto, recordamos a Lenin: “las revoluciones no se hacen, se organizan”. Los momentos actuales requieren que avance la conciencia política y de clase, para que la sociedad recupere su destino y establezca formas de autogobierno, como lo muestran recientes movimientos sociales en Catamarca y Rosario, donde docentes enfrentaron la represión para reclamar condiciones dignas.
La movilización en las calles persiste a pesar de la parálisis impuesta por burocracias sindicales y relatos hegemónicos.
La inacción ya no es opción: la vida y dignidad del pueblo trabajador deben prevalecer.
Melisa Maciel
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