El 60,2% de los argentinos se endeudó o pidió crédito durante los seis meses previos a agosto, según un relevamiento del Monitor de Opinión Pública de Zentrix. Entre quienes buscaron financiamiento, el 76% lo destinó a alimentos, salud, tarifas o servicios, una señal clara de que el crédito se convirtió en una herramienta de supervivencia para millones de hogares.
El estudio se realizó entre el 25 y el 31 de agosto, con 1.466 casos válidos ponderados por región, edad, sexo y voto declarado, lo que le otorga una representación federal. El margen de error informado es de 2,1 puntos porcentuales, lo que permite dimensionar la magnitud del fenómeno.
Dentro del grupo que tomó deuda, el 55,6% usó el dinero para alimentos y salud, mientras que otro 20,4% lo aplicó a tarifas y servicios. Estos datos reflejan que el endeudamiento no responde a consumo suntuario, sino a necesidades básicas que el ingreso no alcanza a cubrir.
La dependencia del crédito fue mayor en los sectores de ingresos bajos y entre las personas de 18 a 39 años, un grupo etario que enfrenta las mayores dificultades para acceder a una vivienda propia y sostener su canasta básica. La encuesta también mostró que el 65% se queda sin ingresos antes del día 20 de cada mes y el 44,4%, antes del día 15. Esto evidencia una fragilidad financiera estructural en los hogares argentinos.
El resultado describe respuestas de una muestra y no equivale a un registro administrativo de todas las deudas del país. Sin embargo, la señal coincide con el aumento reciente de la morosidad informado por el sistema financiero, aunque mide un fenómeno diferente. Para los hogares, refinanciar puede aliviar la cuota inmediata, pero antes de aceptar conviene comparar tasa, costo financiero total, plazo y monto final.
Detrás de los números se observa la presión sobre la economía familiar, que recurre al crédito para cubrir necesidades esenciales en un contexto de caída del poder adquisitivo. La foto que arroja Zentrix refuerza la necesidad de políticas que fortalezcan el ingreso y protejan el bolsillo de los sectores más vulnerables, en lugar de ajustar sobre los que menos tienen.
