El Honorable Concejo Deliberante de La Matanza, en una decisión unánime que refleja el compromiso del municipio con el ambiente, declaró al barrio Peluffo, en Villa Luzuriaga, como Área Ecológica Protegida. La ordenanza reconoce el valor de su arbolado histórico, la biodiversidad que alberga y la abundancia de especies de aves que lo convierten en uno de los pulmones verdes más importantes del distrito.
La conquista es el resultado de casi dos décadas de trabajo comunitario impulsado por vecinos y vecinas que, sin pausa, promovieron estudios, campañas de concientización y acciones concretas para conservar este espacio. La respuesta del gobierno local, que escuchó y acompañó esa demanda ciudadana, se tradujo en una norma que consolida la protección del barrio.
David Torrijo, miembro de la agrupación vecinal Peluffo Verde, compartió la emoción que dejó la aprobación: “La sensación es de una alegría enorme. Era un sueño para nosotros tener esta ordenanza”.
El activista aclaró que el objetivo nunca fue frenar el desarrollo urbano, sino demostrar que es posible crecer respetando el patrimonio natural. “Todo lo que nosotros intentamos defender no lo decimos porque somos unos fanáticos. Está documentado por organismos oficiales, universidades y especialistas que estudiaron la riqueza forestal y la biodiversidad del lugar. Tenemos algo que no existe en muchos otros barrios y queremos cuidarlo”, detalló.
Torrijo agregó que la intención no es oponerse al asfalto o a nuevas viviendas, sino que quienes lleguen al barrio convivan en armonía con la naturaleza. “No se trata de cerrar la puerta, sino de garantizar que el crecimiento no borre lo que hace único a Peluffo”, sintetizó.
El movimiento que logró esta protección comenzó alrededor de 2007, cuando un grupo de vecinos presentó un proyecto que, aunque inicialmente se extravió y debió reiniciarse, fue actualizado con el tiempo hasta transformarse en la ordenanza que hoy celebra la comunidad.
Torrijo, que reside en Lomas del Mirador, se sumó a la iniciativa hace una década. “Soy profesor de Educación Física y siempre venía a esta zona por mi trabajo. Cuando me enteré de que existía una organización de vecinos que buscaba proteger este lugar, me sumé inmediatamente. Si milito por algo, es por la naturaleza: por la flora, la fauna y los animales”, contó.
Desde entonces, la organización llevó adelante acciones que transformaron el paisaje: durante la pandemia plantaron más de 450 árboles junto a los vecinos. “Íbamos casa por casa preguntando quién quería un árbol. Nosotros lo llevábamos, lo plantábamos y solamente pedíamos que después lo regaran. Muchos de esos árboles hoy ya forman parte del paisaje del barrio”, relató.
Además, crearon circuitos aeróbicos señalizados donde cada cartel brinda información sobre las especies arbóreas y aves de la zona. “La idea es que la gente no solamente pase por ahí, sino que conozca lo que está viendo. Que un árbol deje de ser un árbol cualquiera y pase a formar parte de la identidad del barrio”, explicó.
Torrijo resaltó la importancia de recuperar la sensibilidad ante la naturaleza y generar conciencia. “Vivimos con tanta velocidad que muchas veces miramos un árbol, pero no lo vemos. Nos falta detenernos, contemplarlo, entender todo lo que nos da.”
Para él, cortar un árbol es siempre el último recurso. “Podés podarlo, adaptarte, buscar soluciones. Cortarlo debería ser la excepción, no la regla.”
También afirmó que el cambio comienza con acciones sencillas: “Cada uno puede poner dos árboles en la vereda y uno en el fondo de su casa. No hace falta pertenecer a ningún grupo. Lo importante es hacer algo.”
Finalmente, resumió la filosofía de Peluffo Verde con una reflexión: “Recibimos este planeta prestado y tenemos la responsabilidad ética y moral de entregarlo, como mínimo, igual de bien de como lo encontramos”.







