La crisis que atraviesan las panaderías en todo el país ya se cobró cerca de 17.000 puestos de trabajo y el cierre de alrededor de 2.850 comercios, como consecuencia de un desplome del consumo de pan de entre el 50% y el 60% en los últimos dos años y medio. A su vez, la venta de facturas y productos de pastelería sufrió una baja todavía más pronunciada, que en algunos casos llegó al 90%.
Desde la Federación de Panaderos de Merlo y la Cámara de Industriales Panaderos, su referente Martín Pinto explicó que la caída del poder adquisitivo de las familias cambió los hábitos de compra: "Muchas familias dejaron de comprar el kilo diario de pan y ahora optan por llevar una o dos flautas". Además, remarcó que los jubilados son uno de los sectores más afectados, porque se ven obligados a priorizar los gastos de medicación mientras enfrentan subas en las tarifas de los servicios públicos y en el precio de la harina.
El informe del sector también revela que numerosas panaderías operan apenas a la mitad de su capacidad, en un contexto donde la recesión y la pérdida de ingresos pegan directamente sobre los productos más básicos de la mesa familiar. La combinación de menor demanda y costos en alza pone en jaque la continuidad de cientos de pequeños y medianos emprendimientos, profundizando un deterioro que se mide en miles de familias sin sustento.





