El obispo de la localidad cabecera del distrito, monseñor Eduardo García, participó en el Vaticano de un encuentro interreligioso sobre drogas y reclutamiento criminal juvenil que, durante su jornada de cierre, contó con la presencia del papa León XIV.

El encuentro se desarrolló en el marco de un cónclave internacional sobre prevención de adicciones llevado a cabo en la Santa Sede, y ahondó sobre el consumo problemático de sustancias, las situaciones de vulnerabilidad y el reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado.
García, que además se desempeña como asesor de la Pastoral Latinoamericana de Acompañamiento y Prevención de las Adicciones, expuso el martes con un mensaje profundo ante un salón que escuchaba atentamente. “Los rotos son una nueva categoría social. Son los que el sistema utiliza y después descarta; los que quedan averiados por dentro y por fuera; los que, cuando ya no sirven para consumir, vender, transportar o delinquir, son abandonados a su suerte”, relataba el obispo de San Justo.
“Los rotos no nacen rotos. Alguien los rompió. Algo los fue quebrando. Muchas veces, antes de que aparezca la droga, ya existían el abandono, la violencia, el abuso, la pobreza, la falta de trabajo, la deserción escolar y la ausencia de un horizonte. La droga llega después y ocupa un vacío que ya estaba preparado”.
Cierre junto a su Santidad
La jornada de cierre, realizada este jueves, contó con la presencia del papa León XIV, quien destacó la necesidad de ofrecer respuestas integrales al problema, como una justicia con rostro humano y un acompañamiento pastoral sin pretender competir con las neurociencias, la psiquiatría o la salud pública. “Que la Iglesia sea la familia de todas las personas que se quedaron al margen del camino”, marcó, y agregó el Santo Padre, pronto a venir al país: “Las adicciones son un fenómeno complejo que pone de manifiesto el fracaso de un mundo deshumanizado”.
Ponencia del obispo García
Los rotos: la parte invisible del narcotráfico
Donde no hay una comunidad que abrace, siempre aparece alguien dispuesto a aprovecharse. Donde falta la presencia del Estado, avanzan las organizaciones criminales. Donde no hay oportunidades, el narcotráfico ofrece una falsa pertenencia, dinero rápido y una identidad construida sobre la violencia. Primero seduce, después utiliza, finalmente descarta.
El narcotráfico no vende solamente sustancias: produce personas rotas, familias heridas y comunidades atemorizadas. La droga instala una relación peligrosa con la vida y con la muerte. La vida propia pierde valor y, con ella, también pierde valor la vida de los demás. Cuando una persona siente que no tiene nada que perder, puede arriesgarlo todo: su cuerpo, su libertad, la vida de otro y hasta su propia vida. La violencia deja de ser excepcional y se vuelve una forma cotidiana de relacionarse.
Hay personas que lastiman porque antes fueron lastimadas. Hay quienes destruyen porque nunca aprendieron a construir. Hay jóvenes que no temen morir porque nadie logró mostrarles que su vida era valiosa. Una sociedad que les enseña a sus hijos que son descartables no debería sorprenderse cuando ellos comienzan a tratar como descartable la vida de los demás.
Del descarte a la reconstrucción
Frente a esta realidad, no alcanza con perseguir la droga: es necesario reconstruir las condiciones que hacen posible una vida digna. La recuperación no consiste solamente en dejar de consumir. Implica recuperar el nombre, la palabra, el cuerpo, la confianza, la capacidad de trabajar, de vincularse y de volver a soñar. Implica aprender nuevamente que la propia vida vale.
Por eso son fundamentales las comunidades organizadas, los hogares de recuperación, las familias acompañadas, las escuelas presentes, los clubes, las parroquias, los espacios de formación laboral y un Estado que no llegue únicamente con fuerzas de seguridad, sino también con salud, educación, justicia y oportunidades. Nadie se reconstruye solo: lo que fue roto en vínculos necesita ser sanado mediante nuevos vínculos. La comunidad debe convertirse en el lugar donde una persona pueda volver a nacer.






