Una propuesta de los periodistas Luis Gotte y Miguel Saredi reabre el debate sobre la necesidad de descentralizar el poder político en la provincia de Buenos Aires, proponiendo a Junín como posible nueva capital. La iniciativa, que será parte de un libro próximo a publicarse, invita a repensar la organización territorial para impulsar un desarrollo más armónico entre el conurbano y el interior productivo.
La historia argentina registra intentos de redistribución de capitales, como el proyecto de 1972 durante el gobierno de Lanusse o la Ley 23.512 impulsada por Raúl Alfonsín, que buscaba trasladar la Capital Federal a Viedma-Carmen de Patagones. Aunque aquella iniciativa no se concretó, sentó un precedente sobre la importancia de un Estado con presencia territorial más equitativa.
En la órbita bonaerense, la descentralización ha sido un reclamo recurrente. Propuestas como la del exsenador Esteban Bullrich, que sugería crear nuevas provincias con capitales en Bahía Blanca, Mar del Plata, San Nicolás y Luján, también apuntaron a enfrentar la concentración de decisiones en el Área Metropolitana, aunque sin éxito legislativo.
Gotte y Saredi señalan que la provincia concentra cerca del 40% de la población del país y genera alrededor del 36% del Producto Bruto Interno nacional, pero arrastra fuertes desequilibrios que limitan las oportunidades de vastas regiones. Por eso, reclaman una nueva institucionalidad que distribuya el poder de manera más eficiente y fomente el arraigo en el interior.
Junín emerge como una opción estratégica gracias a su ubicación en el noroeste bonaerense, su conectividad ferroviaria y vial hacia regiones clave como Rosario, Córdoba y Santa Fe, y un entramado productivo basado en la agroindustria, el cooperativismo y la actividad universitaria. Apostar al interior, destacan, fortalecería la democratización de las decisiones y el desarrollo integral de la provincia.
Los autores consideran que la administración provincial se ve condicionada por las urgencias del conurbano, postergando políticas de largo plazo para el resto del territorio. En ese marco, el traslado de la capital representaría un cambio de paradigma para construir una geografía de poder más justa y planificada.
Como antecedentes inspiradores, mencionan la construcción de Brasilia en Brasil y el frustrado proyecto de Alfonsín para Viedma, ejemplos de cómo las capitales pueden actuar como motores de desarrollo regional.


Por ahora, la propuesta no está vinculada a ninguna iniciativa legislativa y funciona como un aporte para abrir el debate público sobre cómo organizar una provincia con marcadas diferencias territoriales, económicas y demográficas.
La iniciativa invita a reflexionar acerca del futuro institucional de la provincia de Buenos Aires y la necesidad de mecanismos que impulsen un desarrollo más equilibrado entre el conurbano y el interior.






