En un contexto de disputas internas, el peronismo bonaerense trabaja para fortalecer su unidad y consolidar una conducción capaz de representar a todas sus ramas frente al avance de Javier Milei. El desafío es alcanzar una síntesis que evite los errores del pasado y asegure la viabilidad política del movimiento.
Por: José Ignacio Aisa
“La interna peronista actual se caracteriza por la ausencia de una nueva conducción legitimada ya sea por una elección interna o por la emergencia de una unanimidad real en torno a un liderazgo de conjunto. Un liderazgo que, para ser tal, debería expresar de manera efectiva a la mayoría de las ramas del movimiento: trabajadores, empresarios, juventudes y estudiantes, rama femenina, rama política y organizaciones libres del pueblo.”
José Ignacio Aisa (C. Política.UBA) / Dir. Biblioteca A. Balestrini.
Tras la renovación de autoridades del Justicialismo de la provincia de Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof fue confirmado como presidente del partido, mientras que la vicegobernadora Verónica Magario asumió la vicepresidencia primera. La Junta Electoral quedó encabezada por el intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, y la presidencia del Congreso partidario fue otorgada a Máximo Kirchner. En un acto realizado en San Justo, Magario hizo un llamado a la unidad: “hay que dejarse de joder con las internas y ponerse al lado del pueblo que sufre el embate del industrucidio de Milei”.

Las recientes elecciones internas en 16 distritos evidenciaron un respaldo mayoritario (70%) a candidatos afines al Movimiento Derecho al Futuro (MDF), fuerza liderada por Kicillof que consolida su protagonismo estratégico en el peronismo provincial. Sin embargo, persisten tensiones internas sobre la distribución de cargos, reproduciendo acuerdos similares a los del gobierno nacional de Alberto Fernández. La vicepresidencia primera, en manos de Mariel Fernández, intendenta de Moreno, refleja las negociaciones y diferencias históricas entre sectores vinculados al kirchnerismo tradicional y referentes de la Tercera Sección Electoral, como La Matanza.
Este escenario recuerda viejas disputas políticas entre referentes como Alberto Balestrini, José Díaz Bancalari y Mariano West, quienes fomentaron acuerdos amplios que en el pasado incluso involucraron alianzas con sectores radicales K, como la emblemática coalición entre Cristina Fernández de Kirchner y Julio Cobos en 2007.

A pesar del compromiso formal, la falta de una conducción legitimada que reúna cohesión refleja las limitaciones que enfrenta Cristina Fernández de Kirchner por situaciones judiciales y la dificultad de otros sectores para construir un consenso amplio, generando una unidad aún tenue y basada en la búsqueda de estabilidad más que en acuerdos profundos entre intendentes, gobernadores y La Cámpora.
En este contexto político, el peronismo bonaerense enfrenta la tarea clave de reorganizarse para presentarse como la opción política frente al gobierno de Javier Milei, cuya gestión se encuentra marcada por una profunda fragilidad económica y un deterioro social que podría consolidar al peronismo como la única fuerza con capacidad real de gobernabilidad. Sin embargo, mantener esta oportunidad dependerá de la capacidad interna para evitar fracturas que comprometan la gobernabilidad a nivel provincial y las posibilidades electorales nacionales.
El debate sobre la unificación o desdoblamiento del calendario electoral se presenta como un factor decisivo. Se parte de la experiencia de 2025, donde se estima que postergar la elección bonaerense a noviembre habría favorecido una victoria para el peronismo. Asimismo, la reforma política que Milei planea impulsar en el Congreso, incluyendo modificaciones en los mandatos de intendentes y concejales, abre escenarios de posibles alianzas legislativas que podrían alterar el equilibrio político provincial.
Estos desafíos y tensiones reflejan la complejidad del presente político bonaerense. Tal como señala el refranero popular, en política —y en la vida— “lo esencial es no errar el viscachazo”, un llamado a la prudencia y al acierto que resuena en las filas peronistas.







