El desempleo en Argentina llegó al 7,5% durante el último trimestre de 2025, el nivel más alto para un cierre de año desde 2020, informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Este aumento representa un incremento de 1,1 puntos porcentuales con respecto al mismo período de 2024, lo que significa que aproximadamente 1,7 millones de argentinos se encuentran sin trabajo, es decir, 230.000 más que al final del año anterior.
Bajo la gestión de Javier Milei, el número de desempleados creció significativamente, pasando del 5,7% al 7,5%. Este aumento de 1,8 puntos porcentuales refleja la profunda crisis laboral que vive nuestro país. Si bien el peor registro fue en el primer trimestre de 2025 con un 7,9%, el dato actual marca un récord para un cuarto trimestre, momento donde por estacionalidad suele bajar el desempleo.
Este contexto de creciente desocupación se da en medio de un parate económico y el cierre de muchas empresas, que impactan directamente en la industria nacional y el empleo formal. Mientras tanto, la tasa de actividad —porcentaje de población económicamente activa— subió del 45,7% al 48,6%, pero la tasa de empleo cayó del 45,7% al 45%, reflejando una caída en la cantidad de personas con empleo estable.
El economista Lorenzo Sigau Gravina, de Equilibra, remarca que "se perdió ocupación frente al cuarto trimestre de 2024, algo que antes no ocurría", señalando que ya no solo son los puestos asalariados formales los que se estarían perdiendo, sino también otros tipos de empleo, lo que representa un serio retroceso para el mercado laboral.
Además, la informalidad laboral aumentó alrededor de un punto porcentual, pasando del 42% al 43%, mientras que el empleo formal descendió del 57,8% al 56,9%. El sociólogo Daniel Schteingart recuerda que al cierre de 2023 la tasa de empleo no registrado era del 41,4%, lo que confirma la creciente precarización del empleo.
Otros indicadores laborales son preocupantes: la subocupación se mantiene en 11,3% y la sobreocupación en 29,2%, reflejando la insuficiencia de puestos dignos y estables para la población activa.
Por regiones, el economista de CP-Consultores, Federico Pastrana, destaca que "si bien el aumento del desempleo es generalizado, la región donde más creció fue el Gran Buenos Aires, que pasó del 7,2% al 8,6%, y si se consideran solo los partidos del GBA excluyendo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la tasa llega al 9,5%". Este dato marca un fuerte impacto en la mayor concentración industrial y laboral del país, que afecta a miles de familias trabajadoras.
En cuanto a la juventud, Pastrana agrega que "el costo del ajuste lo pagaron los jóvenes", ya que la desocupación entre personas de 14 a 29 años subió notablemente: en varones aumentó del 12,5% al 16,2% y en mujeres del 13,8% al 16,8%. Esto demuestra el fuerte golpe a las oportunidades laborales para las nuevas generaciones argentinas.
El economista señala además que "los refugios frente al desempleo se empiezan a agotar", con una menor generación de puestos registrados en el sector privado que impacta directamente en la desocupación. La escasa creación de empleos por cuenta propia y no registrados, sumado al aumento de la informalidad, evidencia un modelo que no protege ni promueve el trabajo estable y decente.
Esta difícil situación se suma a una caída histórica en el poder adquisitivo de los salarios reales, que sufrieron en 2025 una baja del 2,1% en términos reales, acumulando desde noviembre de 2023 una pérdida total del 7,1%, según el INDEC. Esta caída mina la calidad de vida de los y las trabajadoras argentinas.
Desagregando por sector, el salario público perdió un 17,03% del poder adquisitivo, mientras que el privado cedió un 1,55%, un dato alarmante que demuestra la necesidad de fortalecer y defender el empleo público y la negociación colectiva como herramienta de justicia social.






